Ilustración: Pedro Sócrates.

PRIMER LUGAR

Infancia

Nos encantaba jugar en el patio de tierra. Perseguíamos a las gallinas. El Laucha las «hipnotizaba». Les daba unas vueltas y las ponía en el suelo. Con un palito de madera dibujaba su jaula. Todo era magia. La montaña a lo lejos. El sonido del viento. Y mi mamá desde la ventana nos miraba crecer. Un domingo, un potro desbocado nos arrebató a mi papá. Mi mamá murió en vida. «Se nos fue, mija», decía la Ñaña, «cuide a su mami». Crecí de golpe, a los doce años. Hasta llegar a Santiago no tenía idea que éramos pobres.

Pablo Cheyre Triat, 32 años, Santiago.

Ilustración: Antonia Contardo.

SEGUNDO LUGAR

Tinder

Hola, papá. No sé cómo comunicarme contigo de otra forma. Sé que ahora estás en Santiago y que estás usando Tinder. Quería avisarte que mi mami está con cáncer y que el Ernesto ya está en el liceo. Tiene polola ahora el cabro chico. Está grande (tercera foto, de cuando hizo la confirmación). Porfa, manda plata, que el enchur está súper caro y no tenemos cómo comprarlo y a mi mami le queda poco. Yo estoy bien (primera foto). Tu nieta también (quinta foto), a ver si la conoces pronto. Tiene tus ojos.

Sebastián Muñoz Ruz, 33 años, San Bernardo.

Ilustración: Cris Miranda.

TERCER LUGAR

Gatos de papel

Pintaba gatos porque no la dejaban tener uno. Cuando terminaba, siempre guardaba sus dibujos de la misma manera. Uno en una caja de cartón, otro detrás de la estufa, dos en el sillón de la abuela y el último a los pies de su cama.

Daniela Luna Verdejo, 31 años, Valparaíso.

Ilustración: Rafael Cuevas.

PREMIO AL TALENTO INFANTIL

El Buitre

En los parques se encuentra un ave rapaz, es la paloma apodada «el Buitre», dotada de unas poderosas alas que ahuyentan a los de su misma especie. Con un pico deforme devora migajas y comida sin piedad, devastando pueblos enteros. No tiene debilidades, solo un loco gusto por las chorrillanas, siempre y cuando la cebolla y el huevo estén bien fritos; si no, le repugnan, y ataca al ser vivo que tenga cerca, ya sea ave, humano o animal doméstico. Para calmarla hay que darle migajas de pan orgánico tostadas. Ya han sido advertidos.

Patricio Maulén Soto, 12 años, Cerrillos.

Ilustración: Paloma Morales Gutiérrez.

PREMIO AL TALENTO JOVEN / PREMIO DEL PÚBLICO

Soy una pirata

Estaba sentada fuera del consultorio esperando mi hora de atención. De la nada se me acercó una pequeña niña que me preguntó por qué tenía un parche en el ojo. Le respondí que era una pirata en busca del tesoro. Su mamá, quien la llevaba de la mano, me miró casi suplicando que no dijese nada. Era una carabinera.

Josefa Salgado Zambrano, 15 años, Puente Alto.

Ilustración: Alvaro Aedo Riquelme.

PREMIO AL TALENTO MAYOR

Somos un equipo

Acá nos necesitamos todos. La señora Ofelia manda a grito pelado desde el fondo, don Marcelo cuida la reja y le lleva el pan. La costurera pega botones gratis y tiñe el pelo rojo de la niña que sale de noche. El recolector de cachureos vuelve con el diario y copuchas. Al viejo que vive en la luna lo cuidamos porque su sobrina paga los gastos comunes. Cuando no hay ruido se escuchan más los alaridos de la loca. Las mujeres arreglan las cosas entre ellas y cuando jugamos brisca tiene que ganar don Arturo, para que saque vino.

Federico Gana Johnson, 77 años, Ñuñoa.

Ilustración: Ruido.

PREMIO AL TALENTO BREVE

Bala loca

Una madre y su bebé iban caminando.

Ignacio Peñafiel Mella, 17 años, La Cisterna.

Ilustración: Andrés Miquel Calorio.

MENCIÓN HONROSA

Quiso saberlo todo

Al día siguiente de haberse jubilado, Manuel se presentó en la Biblioteca Nacional. Pidió el primer tomo de una enciclopedia universal para leer en sala; el último volumen lo devolvió luego de cinco meses, momento en el que solicitó un atlas de geografía. Arqueaba su espalda en el mesón hasta quedar encima de los libros, como si fuese un vampiro volcado sobre una fuente de vida eterna. Algunos años después, un guardia creyó verlo dormido sobre un texto, pero ya no respiraba. En la página del libro sobre la cual yacía su boca entreabierta no quedaba texto alguno.

Rodrigo Cuevas Alonso, 48 años, Santiago.

Ilustración: El Guiso.

MENCIÓN HONROSA

Hay cosas de las que la gente prefiere no hablar

Se llamaba Adán, pero le decían «el Che». Vendía gomitas de eucalipto y calugones en avenida Recoleta, cerca de La Vega. Supuestamente nació en Mendoza, por eso su acento y su seudónimo. Era choro, y cuando se ponía choro, el chilenismo le chorreaba por su boca a medio desdentar. Todas lo encontraban encachado. Las más lolas decían que era igualito a Justin Bieber; las más viejas decían que era como Camilo Sesto: finito, lampiño, blanquito. Un martes no apareció más. La calle en silencio. Algunos dijeron que fue un lío de faldas. Otros decían que lo mataron porque nació mujer.

Salomé Silva Guevara, 31 años, Rancagua.

Ilustración: Rina.

MENCIÓN HONROSA

El rucio

Vestía siempre la misma chaqueta negra que un día le robó su mejor amigo. Era anarquista y creía que no tenían que existir las milicias. La última vez que lo vi lo molesté porque era rucio; cuando se alejaba lo escuché decir que “si el pelo fuera importante estaría dentro de la cabeza”.

Macarena Salas Aguayo, 34 años, La Reina.

Ilustración: Natalia Gurovich Pinto.

MENCIÓN HONROSA

Cliché

Chica conoce a chico pálido y misterioso en el Cementerio General. Es de noche y el chico expele un extraño olor a flores muertas. Sin motivo aparente, él le aconseja que aproveche la vida, que nunca se sabe lo que puede pasar. Salen del cementerio y comenta lo cambiadas que están las calles de Santiago. Ella sonríe. Se besan, van a la casa de la chica y rompen tres tablas de la cama. Al día siguiente, ella despierta y, con terror, descubre la cruda verdad: él está vivo y quiere huevos con tomate.

Mauricio Embry Lemus, 32 años, Santiago.

Ilustración: Dani Le Feuvre.

MENCIÓN HONROSA

Lautaro Manquepillán

Lautaro Manquepillán era un artista frustrado que simulaba ser ingeniero informático de la Chile. Pintaba paisajes espléndidos y a veces pintaba sonrisas. Un día, Lautaro se cansó de fingir y se perdió en la montaña. Nadie más supo de él. Existía en ese entonces un rumor sobre una bestia montañesa voladora que despojaba sangre. Se decía que sobrevolaba los paisajes más bellos. Un día, mientras unas personas acampaban a los pies del Plomo, vieron a un hombre aparecer entre la niebla. Llevaba entre sus manos una roca ensangrentada que semejaba una paleta de colores y la cola de un caballo.

Nicole Cerpa Vielma, 30 años, Santiago.