Ilustración: Silvana Youlton.

PRIMER LUGAR

Hallullas calientes

Comprábamos pan en la panadería de Marín, esa que quedaba a dos cuadras y estaba cerca de los moteles. Esperábamos que salieran del horno y nos volvíamos caminando mientras pellizcábamos la misma hallulla. Un poquito tú, un poquito yo. El amor quizá era eso, compartir a bocados mientras caminábamos sin saber muy bien a dónde ir.

Catalina Hernández Hormazábal, 27 años, Providencia.

Ilustración: Maja Sáiz.

SEGUNDO LUGAR

Estética del dolor

En una antología de poesía china (s. II–VI) leo textos que se titulan: «Suplicando por comida», «Sed», «La muerte de un niño». Durante el desarrollo de la guerra contra los hunos, algunos de estos autores escribieron sin saber que sus poemas ocuparían mi atención una tarde de ocio en la biblioteca pública. Y aunque esos ideogramas, exactos en su dolor y en sus imágenes, son probablemente el testimonio de la derrota de todo el género humano, no puedo dejar de pensar que se estamparon en el papel usando un pincel de pelo de cabra negra.

César Cabello Salazar, 42 años, Ñuñoa.

Ilustración: Ignacia Ruiz.

TERCER LUGAR

Rara

Siempre he sido una bicha rara. Con un nombre extraño inventado por mi madre soltera, me crié en la casa de mi abuela entre cuyes, gallinas, perros, gatos y loros. Tengo un dedo largo en el pie por el cual mi tío desde chica me hizo bullying. Fui a un colegio de monjas en Estación Central donde era la guacha alta que siempre hacía de hombre en las obras. Ahora vivo en Punucapa y sigo siendo un bicho raro para las vecinas porque toco la guitarra, converso con las plantas y entran más mujeres que moscas a mi casa.

Melina Escudero Escudero, 25 años, Quinta Normal.

Ilustración: Niño Pan.

PREMIO AL TALENTO INFANTIL / PREMIO DEL PÚBLICO

Infinito

Tres cosas no se van a acabar nunca: las estrellas, los números y las arvejas en el plato.

Ángel Reveco Salazar, 7 años, San Miguel.

Ilustración: Niño Pan.

PREMIO AL TALENTO JOVEN

La guerra de Troya

Desde lo alto del muro de Troya, Paris se toma una selfie mostrando sus calugas y sus imponentes brazos. Helena lo mira de reojo sin entender qué pasa por la mente del hombre que ella ama. Pero el troyano egocéntrico, sin miedo, sube la foto a Instagram. #Helenaesmía #chaoMenelao #fuerzaHéctor #eltalonesladebilidad . Príamo, su padre, furioso lanza el smartphone muro abajo. Héctor tropieza con el celular, Aquiles lo mata y la foto alcanza mil likes.

Fernanda Norambuena Troncoso, 17 años, Pedro Aguirre Cerda.

Ilustración: Pamela Meza.

PREMIO AL TALENTO MAYOR

Eran los años cincuenta

A mis doce años nos vinimos a Santiago con mi madre, para que yo pudiera hacer la enseñanza media, y nos instalamos en un campamento que estaba en la orilla poniente del barrio Franklin. Recuerdo que una tarde: «¡Miguel! ¡Miguel!», grita mi mamita desde la puerta de nuestro humilde hogar, «¡Parece que Lucho Gatica está en la Radio Minería!» Ahí mismo, en el peladero, dejo botada la pelota de trapo y a la patota de amigos. Entro corriendo a nuestra única habitación. Y apego mi oído a la pared de tablas de la casucha vecina.

Miguel González San Martín, 78 años, Puente Alto.

Ilustración: Ignacia Ruiz.

PREMIO AL TALENTO BREVE

Hora punta

Estábamos todos tan apretados que por educación no pude evitar presentarme.

Valentín Blümer Stewart, 20 años, Recoleta.

Ilustración: Ludmila Drago.

PREMIO AL TALENTO DE BARRIO

La chimenea de la Sumar

Junto al Zanjón de la Aguada jugaban los cabros chicos. Usted no me va a creer, pero para cazar guarenes usaban arcos con flechas de sauce quemado. Poco más allá los vecinos esperaban sobre el puente las bofes que venían del matadero. Todo iba a parar al canal. La chimenea de la Sumar humeaba despacito. Ahí fue la balacera, en el setenta y tres, por la resistencia de un puñado de obreros. Será por eso que me quedo mirando el Mapocho, largo rato. Cuando viene caudaloso se arremolina. Y parece que veo bofes, frazadas, cartas de amor, cuerpos de gente.

Marcelo Zurita Véjar, 60 años, San Miguel.

Ilustración: Alexis Diaz Valle.

MENCIÓN HONROSA

Reencuentro

Querido cuento, las circunstancias de la cárcel nos separaron, no era fácil atenderte con el soundtrack de los insultos y el zumbido de las mujeres esquizofrénicas. Sin embargo, me esperaste, y con la narración pude mirarme en el espejo de los once años y encontrar a mi padre en la magia del pasado. Te conté que él partió de este mundo. Aparecieron pequeños pasos míos, conversaciones y caminatas perfumadas con mar y sal. La mano, la mano grande que tomaba la mía. Gracias a tu creación visité esa niñez olvidada, hermosa como los dedos de mi madre entrelazando mis trenzas.

Paola Romano, 50 años, San Joaquín.

Ilustración: Moriven - Francisca Luco.

MENCIÓN HONROSA

Ciudad travesti

Si hay una estación de trenes como centro cultural, una casa de acuñación de monedas como palacio de gobierno, castillos patrimoniales como oficinas o consultas dentales, edificios de la antigua aristocracia como institutos o universidades y estadios deportivos como salas de conciertos, no tiene nada de extraño que la habitación administrada por los curas a la que llegué a vivir cuando era estudiante, en la que perdí mi virginidad, sobrellevé mis primeras borracheras y escribí mis primeros poemas, sea hoy, después de diez años, la cocina de un restaurante de comida peruana travesti.

Rafael Berríos Peñaloza, 30 años, Santiago.

Ilustración: Antonia Grun.

MENCIÓN HONROSA

Tan cerca. Tan lejos

Nació el 19 de enero de 2017 en el Centro Penitenciario Femenino de San Joaquín, donde su mamá cumple condena. Fue el nacimiento número dos en las cárceles del país ese año y se sumó a los treinta y tres niños y niñas que ya habitaban ese lugar. Todo su mundo se ha construido allí, entre esas paredes. A él no le gusta el color verde en la ropa ni el sonido de las rejas cuando se cierran. En cambio, le encanta mirar el cielo en el pequeño tragaluz del patio y tomar sol sentado en el cemento junto a su mamá.

Angélica Ramírez Valdés, 25 años, Conchalí.

Ilustración: Andrés Vega.

MENCIÓN HONROSA

Manual de tachangou

No hacer preguntas. No imaginar respuestas. Que ninguno cuente detalles de su vida: eso engancha. Solo la historia de unas horas. No alargarlas, ni dentro ni fuera de la cabeza. Apagar la música de fondo. No teñir de colores el momento. No forzar desenlaces. Entrar y salir del otro, sin dramas. Usar protección y que todo lo compartido pueda irse con una ducha larga y lenta. Luego, no llamar ni enviar mensajes. Un único encuentro. No repetir. Eliminar el contacto. Olvidar su nombre.

Maritza Ramírez Suárez, 54 años, Santiago.